Mujeres pintoras

Begoña Alonso Ruiz / Noviembre de 2019

Dentro de las exposiciones programadas para celebrar el Bicentenario del Museo del Prado (1819-2019) desde el pasado 22 de octubre está abierta al público la muestra “Sofonisba Anguissola Lavinia Fontana, Historia de dos pintoras”, en una de las salas para exposiciones temporales de la ampliación de Los Jerónimos. Si desde su fundación El Prado se ha convertido en una de las instituciones principales depositarias de la memoria visual de la cultura española y occidental, tal conmemoración no podía ser ajena a las reivindicaciones que desde el campo de la historiografía histórico-artística se llevan ya realizando desde hace décadas en relación con las mujeres artistas.

Es importante la muestra no sólo por ser la segunda vez que en su historia El Prado dedica una exposición a una mujer pintora (ya lo hizo en 2016 con la dedicada a Clara Peeters), sino por presentar el trabajo de estas pintoras como el de grandes maestras, de una excelente calidad pictórica que llevó en algunos casos a confundir las atribuciones y considerarlas obras masculinas. Ambas, Sofonisba Anguisola (Cremona, 1535-Palermo, 1625) y Lavinia Fontana (Bolonia 1552-Roma, 1614), se nos aparecen en esta exposición como dos excelentes pintoras, reconocidas en vida (sirva recordar las palabras que dedica Vasari a Sofonisba, su aprendizaje informal junto a Miguel Angel Buonarotti o la visita de Van Dyck al final de su vida) y con trayectorias que abrieron camino a otras muchas pintoras posteriores.  En este sentido es muy ilustrativo el cronograma colocado al final de la exposición que incluye el nombre de mujeres artistas desde Hildegarda von Bingen (1200) hasta Josefa Tolrá a mediados del siglo pasado.

Autorretrato ante caballete (detalle), Sofonisba Anguissola, The Castle-Museum in Lancut, Polonia

Anguissola y Fontana nos ayudan a entender mejor la pintura del siglo XVI y a comprender las innovaciones que se fueron llevando a cabo en géneros como el retrato o la pintura mitológica.  En relación al retrato, género que ambas cultivaron, sus obras resultan muy diferentes, pero nos hablan de la riqueza de la tipología desde el sofisticado lujo de los “retratos relato” de Fontana a los retratos colectivos de Anguissola. Destacan de esta última sus numerosos autorretratos,  en los que subraya su condición de mujer culta y artista, así como  los retratos reales realizados en la corte de Felipe II, donde curiosamente no firma sus obras, razón por la que obras excelentes como el retrato de Isabel de Valois fue atribuido a Alonso Sánchez Coello. Los retratos sedentes de personajes ilustres frente a su escritorio, sorprendidos en su actividad intelectual, dotados de una viva mirada, abren con Anguissola un camino que seguirá Fontana, veinte años más tarde.

Retrato de sus hermanas con ajedrez. Sofonisba Anguissola

Frente a Anguissola, Fontana se nos presenta abierta a temáticas religiosas y mitológicas, manifestando una gran habilidad para combinar los ideales de la Contrarreforma en su pintura religiosa con otros temas donde el tratamiento del desnudo femenino a manos de una mujer resulta novedoso.

Autorretrato tocando la espineta (detalle), Lavinia Fontana, Accademia Nazionale di San Luca, Roma

Os recomiendo la lectura del artículo «Retrato doble de mujer» de la profesora Estrella de Diego, publicado en EL PAIS el 21 de octubre de 2019.

Más datos sobre la exposición en la web del Museo del Prado